¿Se puede aprender a pensar en positivo?



¿Se puede aprender a pensar en positivo?

“Lo importante es cómo nos motivamos para ir hacia arriba y, una vez allí, no dormirnos” de esta manera resumía la importancia que tiene la parte emocional en nuestras vidas el prestigioso cardiólogo español Valentín Fuster en una entrevista que dio en 2013 con motivo de la publicación del libro “El círculo de la motivación” sobre la situación que vivimos en tiempos turbulentos, y donde intenta dar la vuelta a la actitud tan negativa que generalmente tenemos los españoles, que no nos ayuda a pensar en positivo.

Cuenta además – y esto es lo que más me ha impactado – como en California, hace cinco años, con la crisis económica, casi todos los especialistas de su departamento iban a trabajar sábados y domingos sin pedir un aumento de salario.

Leyendo esto me pregunto si de verdad somos tan distintos los españoles.

Por lo general cuando las cosas no nos van bien solemos caer en el error de dejarnos guiar por nuestros pensamientos negativos, que, a su vez, crean sentimientos negativos. Y esta actitud, cuando se instala en una gran parte de la sociedad, nos lleva a la pérdida de valores y a la deshumanización.

Yo creo que, con independencia de la cultura o del país que se trate, todos podemos superar esta actitud. La clave para hacerlo reside en aprovechar estos reveses que nos da la vida para verlos como una oportunidad para crecer y desarrollarnos como personas.

Para mí el secreto está en saber desdramatizar y restar importancia a lo que tanto nos preocupa. Se trata de analizar el hecho negativo desde todos los enfoques posibles para encontrarle el mejor punto de vista.

Goleman, en su conocido libro “Inteligencia Emocional”, nos dice que ser optimista significa tener una fuerte expectativa de que, en general, las cosas irán bien a pesar de los contratiempos y de las frustraciones. Lo define como una actitud que impide caer en la apatía, en la desesperación o la depresión frente a las adversidades.

Otros psicólogos, como Martin Seligman, consideran que el optimismo tiene un claro poder motivador, ya que los optimistas piensan que los fracasos se deben a algo que puede cambiarse y, teniendo esto en cuenta, en la siguiente ocasión en la que afronten una situación parecida pueden llegar a triunfar.

Los optimistas tienen la creencia de que poseen el control de los acontecimientos de su vida y pueden hacer frente a los problemas en la medida en que se presenten.

Aunque es cierto que el temperamento con el que nacemos tiene mucho que ver con la predisposición a tener una visión positiva, también es cierto que este  puede ser modificado por la experiencia. Con esto quiero decir que el optimismo puede aprenderse.

¿Cómo se consigue? En primer lugar identificando y fortaleciendo el perfil de nuestras competencias y también revisando el mapa que tenemos de creencias tóxicas para despojarnos de nuestras debilidades. En una segunda etapa, orientándonos hacia aquello en lo que hemos destacado o demostrado ser más hábiles, tratando de buscar siempre el compromiso con la tarea adecuada. De esta forma, cuando percibimos que somos capaces de hacer las cosas bien surge en nosotros el deseo y la motivación para hacerlo cada vez mejor.

Pero para que esta formula funcione lo primero es empezar por disfrutar del trabajo. Pasamos un tiempo importante de nuestra vida dedicados a trabajar y lo hacemos, en la mayoría de los casos, entre otras muchas razones, para sentirnos realizados y obtener satisfacción. Cuando queremos nuestro trabajo y disfrutamos con él entonces nace el entusiasmo, lo que los psicólogos han descrito como: esa fuerza extraña que hace que tomemos siempre las decisiones correctas, en el momento preciso, y nos sorprendamos de nuestra propia capacidad cuando alcanzamos nuestro objetivo.

Podemos aprender a ser positivos, y si queremos superar esta crisis, debemos hacerlo.

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